Tras el calentón de las elecciones, es hora de reflexionar profundamente sobre el actual panorama político en Euskadi. Se abre un nuevo tiempo, eso está claro. Lo que no sabemos si para bien o para mal, partiendo de la necesidad de saber si el actual parlamento vasco es legítimo. Aclararé que el actual parlamente vasco es perfectamente legal, lo que no se corresponde necesariamente con legítimo o ético.
¿El legítimo el actual parlamento vasco? En una sola palabra: no.
La primera y más evidente prueba es la alteración judicial de las fuerzas políticas vascas. Los dos bloques principales de fuerzas son las autodeterminacionistas (entre las que está EB) y las constitucionalistas. El bloque autodeterminacionista es históricamente mayor, aunque no por un margen demasiado amplio. La irrupción de una Ley de Partidos mayoritariamente rechazada por el pueblo vasco ha dejado fuera de las elecciones, intencionadamente, los votos de más de 100.000 partidarios de la autodeterminación. Esto es una situación injusta y poco ética por dos motivos. El primero es la ilegalización de ideas políticas, siendo el mayor ejemplo el partido Askatasuna, formado en 1998 e ilegalizado sin haber tenido ningún tipo de actividad política. El segundo, y menos importante en relación al primero, es el desequilibrio que produce en los dos grandes bloques.
El reparto de los escaños es otro ejemplo claro de la disociación entre realidad e institucionalidad. Si no incluímos los votos de la izquierda abertzale, el 51.8% de la población vasca apoya los postulados autodeterminacionistas. Si los incluímos -que por otra parte es lo más lógico, ya que esa gente también ha votado y se ha expresado- el porcentaje aumenta hasta el 60.6%. ¿Cómo es posible obtener la Lehendakaritza sin llegar si quiera al 40% de los votos?
Patxi López ha engañado claramente a sus electores y al conjunto de Euskadi.
En primer lugar porque ha ofrecido una falsa imagen de distancia con el PP y UPyD, cuando se van a acabar rascando las espaldas entre los tres. Se ha mostrado intencionadamente muy prudente y en ningún momento ha hablado de la posibilidad de gobernar con el apoyo de la derecha más reaccionaria y españolista. De haberlo hecho, nunca hubiera recabado el apoyo para sus actuales 24 escaños.
Segundo porque el mensaje de entendimiento y diálogo que plantea choca frontalmente con el mensaje de sus dos principales valedores, quienes buscan el enfrentamiento, la crispación y el “choque” de trenes como política de España contra Euskadi. Precisamente es en España donde rentabilizan esta estrategia frentista.
Tercero porque aboga por el entendimiento, el diálogo y la pluralidad pero su principal intención es gobernar en solitario y antepone su figura personal al mensaje de su campaña electoral. Presiona y chantajea con la fuerza prestada y la anormalidad de la actual situación democrática.
Cuarto porque crea un frente común, creando una situación de excepción. En Euskadi, PP y PSOE olvidan sus escaramuzas, sus rencillas, su antagonismo y su polarización por un bien común: la unidad de España. Y esto es otra doble jugada: cada vez que López habla en rueda de prensa se refiere al “país“, dejando a la imaginacion del interlocutor si habla de España o de Euskadi.
Quinto porque se postula como Lehendakari por la “necesidad” de un cambio. Si Euskadi quisiera un cambio, así lo habría votado pero no ha sido así. Él lo sabe y disimula. Y por otro lado, no le hemos oído decir qué opina sobre Extremadura o Manuel Chaves y los 22 años que cumplirá en el poder cuando acabe la legislatura actual. Parece que el cambio sólo es necesario en territorio vasco.
Por otro lado, el PNV está teniendo una reacción torpe y acalorada. Está argumentando varios sinsentidos que le perjudican más que beneficiarle.




