El ex-presidente del Gobierno español, José María Aznar, lleva ya unos años dando vueltas por el mundo y dando charlas allá donde le dejan. Vaya donde vaya, casi siempre que oigo sus declaraciones siento una vergüenza interna que es difícil de explicar: pienso que ese tío ha sido el máximo mandatario del país.
Ayer, nos informa Público, se dedicó a desvariar en la Universidad de Harvard acerca de los fantasmas del comunismo.
El ex presidente español ha destacado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos) la necesidad de “hacer frente al peligro real del comunismo del siglo XXI“, que a su juicio “se está extendiendo por todo el continente” suramericano.
“Debemos apoyar a los que defienden la democracia, la libertad y la apertura de los mercados”, ha opinado, al tiempo que ha afirmado que “las libertades están siendo seriamente socavadas en Venezuela, Bolivia y Ecuador o Cuba, que debería ser una democracia libre”.
Esto es parecido al “sandwich de cortesía”, pero en vez de un “sandwich” es una “lasaña de cortesía”: primero digo dos cosas buenas y luego cuelo una mía. Por ejemplo: “Hay que defender la libertad, la igualdad y el despido libre”. O sino podemos decir: “Hay que defender la solidaridad, el desarrollo y la unidad de España”. Así, Aznar nos dice que hay que defender la democracia, la libertad y el libre mercado. Y el que esté a favor, tiene que estar a favor del pack completo.
Por otro lado, Aznar también nos revela que las libertades están seriamente socavadas en Latinoamérica. Pero no en la corrupción generalizada de México, la antítesis de los derechos humanos en Colombia o la falta alarmante de medios en Perú. No, el problema está en Venezuela, Bolivia y Ecuador, que todos sabemos que son unos rojos y unos comunistas.
En su opinión, Europa “no debe nunca disculparse por sus valores”, ni “renegar” de sus “raíces cristianas”.
El actual presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) ha analizado el papel de Europa en el contexto geopolítico y habló sobre la “crisis” que sufre actualmente el Viejo Continente que, a su juicio, no es sólo económica, sino también “de principios y valores”, una “crisis moral”.
Rouco debe de estar orgulloso. Le falta usar el término que todos estábamos esperando: “relativismo moral“. Con Aznar, el “Dios, Patria y Rey” nunca muere.
Algunos de estos retos son, en su opinión, el reconocimiento de Europa como “un Estado de Naciones“, en los que los valores de “la libertad, la dignidad humana, la igualdad ante la ley y la democracia están firmemente arraigados”.
Sin el respeto a estos principios, afirmó, el nacionalismo podría “aumentar” hasta “destruir la Europa que hoy conocemos”.
Además, el presidente de honor del PP sostuvo que Europa debe atender a su “ubicación geográfica” y “respetar” sus límites, ya que “no puede ampliarse ad infinitum“, y abogó por comenzar un debate para “fijar estos límites”. [...]
“Mal que le pese a algunos, Europa no se puede entender sin sus raíces cristianas“, sostuvo Aznar, para quien “renegar” de estas raíces que “unen” e “identifican” a los europeos sería “un grave error”.
¿El ultra-nacionalista (español) Aznar afirma que el nacionalismo puede destruír Europa? Sí, pero no nos confundamos: él es un patriota, los gallegos, vascos y catalanes son los nacionalistas -pérfidos, ladinos y taimados- que quieren destruir a la gente de bien y sus buenas costumbres. ¡Qué desparpajo!
E insiste: Europa somos los occidentales, de tez clara y cristianos. Los demás no merecen ser europeos. Bastante ha tenido que aguantar Aznar mordiéndose la lengua después de incorporarse Bulgaria, Hungría o Rumanía, sólo faltaba Turquía…
En su ponencia, Aznar insistió en que Europa “no debe disculparse por sostener sus valores y principios“, entre los que también destacó la libertad de expresión.
En este marco, el ex presidente subrayó que los europeos no deben “aceptar ninguna amenaza” por parte de quienes quieren imponer el silencio y destacó que “los Gobiernos que se disculpan por unas caricaturas es un primer paso hacia la rendición de las democracias ante el totalitarismo”. [...]
Además, se mostró partidario a la entrada en la organización internacional de “nuevas democracias” y censuró a “los buenistas que critican a los líderes que luchan contra el terrorismo”, que son, en su opinión, a los que habría que “criticar”, porque “no asumen sus responsabilidades”.
Los que hemos sufrido su gobierno ya conocemos su opinión sobre las disculpas. Es algo que no encaja en el Diccionario Aznar, y desde luego según su manera de entender deben de ser una muestra de debilidad y “buenrollismo” caduco que un buen dirigente no debe de atender.
Además, podemos apreciar lo que más nos gusta de Aznar: la raya en el suelo y los buenos a un lado, los malos al otro. El que lucha contra el terrorismo (a su modo) es bueno, y el que no lo hace es un terrorista.
Dicho esto, el presidente de FAES se mostró partidario de fomentar la independencia del Banco Central Europeo, que a su juicio ha sido sometido a “presión política”; crear un “verdadero mercado interno”, que huya del “nuevo proteccionismo nacional”; y acometer una reforma económica.
Esta reforma, explicó, debe dotar a Europa de “economías plenamente abiertas y mercados más flexibles, incluyendo el mercado laboral”.
En su opinión, lo que Europa necesita es “una mejor regulación económica, no más y peor regulación”. “Necesitamos menos impuestos, menos gasto público, menos intervención pública en los mercados, menos empresas públicas”, remachó.
Líderes del mundo: no os dejéis engañar por los cantos de sirena de “sanidad pública”, “educación pública”, “sistema de pensiones público”, “prestaciones sociales públicas” o cualquier otro servicio público; eso son cosas de comunistas, y como los comunistas son malos, funcionaremos mucho mejor sin ellas.
De encerrar, vamos.




