El G20 es un enorme circo a tres pistas del orden mundial. Los líderes de los países más desarrollados junto con los líderes de los países más prometedores se juntan en casa del Primer Ministro británico para hablar y “arreglar el mundo”, literalmente hablando.

Por un lado tenemos al nuevo y flamante presidente de Estados Unidos, Barak Obama, que se supone que representa a los sectores más progresistas de su país. El anfitrión, Gordon Brown, supuesto líder del Partido Laborista, hace lo que está escrito en el guión británico: arrimarse a Estados Unidos, sonreír y asentir a lo que digan su compadre transatlántico. Curiosamente, las recetas de Obama son las que contentan a las multinacionales y a la banca: planes de estímulo para fomentar la rueda del consumo y andamios para mantener la hegemonía del gran capital. Todo a costa del herario público, por supuesto, y sin contrapartidas aparentes.

Por otro lado tenemos la alianza Alemania-Francia, que pese a los excesos de confianza de Sarkozy, parece que gozan de un entendimiento y una complicidad total. Curiosamente, ambos líderes representan a los sectores conservadores de sus países, y el en caso francés, podríamos hablar incluso de entendimiento con la derecha más reaccionaria. Pues bien, ambos países abogan por medidas de control severas, acabar con los paraísos fiscales y reformar el capitalismo actual para “humanizarlo” y anteponer la “ética” a sus principios económicos. Y para terminar de confundirnos, ayer Sarkozy invitaba al presidente brasileño Lula Da Silva, considerado la izquierda con cabeza de sudamérica, a hacer una escala en París para comer, debatir y juntar posiciones antes de ir a Londres. De locos.

También tenemos a Zapatero, que es el “veintiunavo” pasajero de la cumbre, que representa un país con quien nadie cuenta y cuya aportación servirá más para los telediarios de casa que para tomar ninguna decisión. Vamos a ser francos: los que se vaya a hacer, se hará entre EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania. Quizás puedan decir algo más Rusia o China. Pero los demás están para sonreír, asentir y legitimar los acuerdos que nos afectan a todos.

Por otro lado tenemos a los intencionadamente llamados “antisistema“, que según leemos entre líneas en la prensa nacional, en vez de ser la voz de la conciencia que luchan contra la pobreza, el cambio climático y a favor de los trabajadores, son cuatro locos que sólo quieren quemar escaparates y asustar ancianas. De lo cual podemos deducir dos cosas: primero que si no quieres pasar desapercibido y lanzar tu mensaje al mundo, tienes que armar un follón de primera para salir en las portadas de los periódicos mundiales. Segundo, es que para mantener la paz mundial hay que marginar, ridiculizar y hacer pasar por locos a todos los que no están de acuerdo con el actual marco económico mundial.

También vemos que la policía británica actúa con protección física, pero sin embozos ni anonimato, incluso sabiendo que habría miles de cámaras filmándoles. Aquí es otro cantar: los mossos, la ertzaintza, la guardia civil o la policía nacional se cubren el rostro y a repartir leña al mono, que es de goma. Con la impunidad que les proporciona el anonimato pueden excederse todo lo que quieran y pueden golpear injustificadamente a cualquiera. ¿Quién va a saber quién ha sido?

La verdad, no sé cómo la gente paga por ir a ver a los trapecistas, los elefante y los payasos teniendo eventos tan divertidos como las cumbres mundiales.

PS. ¿De qué habrá hablado Zapatero en la cena? ¿Y con quién? Kirchner estaba bastante lejos como para hablar con ella, y sus colindante comensales no creo que tengan demasiada idea de la lengua de Cervantes como para tener una conversación medio decente. Y 2 horas de cena son muy largas…

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