Sobre el Debate del Estado de la Nación que ayer se produjo en la cámara baja ya se ha hablado, y se seguirá hablando, largo y tendido. Hay impresiones de toda índole, desde los fans de los distintos partidos, hasta análisis económicos de las nuevas propuestas presentadas por Zapatero.
Del debate sacamos varias conclusiones.
Rajoy sigue demostrando que cuando está incómodo, cuando ve que el debate se le va de las manos, endurece el tono de su discurso hacia un estilo tosco y faltón. Si alguna vez ven al líder gallego con los ojos desorbitados, ladrando más que hablando y faltando al respeto de sus interlocutores, tendrán la prueba fehaciente de que está perdiendo el debate o no sabe cómo salir. Ayer sin ir más lejos hizo, una vez más, el ridículo desde el estrado. Esperando que Zapatero sacara medidas menores, Rajoy basaba toda su estrategia en golpear al Presidente con los datos del paro y con el argumento de su ineficacia al mando del Gobierno. Pero Zapatero había preparado un paquete de medidas fuerte y contundente, que dejó en evidencia a un Mariano Rajoy que no tiene la más mínima capacidad de reacción. Y mira que desde que acabó Zapatero hasta que subió a la tribuna pasaron más de 2 horas. Pues ni por esas.
Zapatero dio una imagen de superioridad a Rajoy en todo momento. Su tono, pausado y eterno cuando no está leyendo, le da un toque de humildad y predisposición al diálogo que su antecesor no tenía (ni lo tiene el sucesor de este en su propio partido). En cierto momentos incluso entonó el mea culpa por no haber sabido apreciar la magnitud de la crisis, dijo que su visión no era la única y que estaba abierto a otros puntos de vista, y que puede equivocarse. Eso le honra. Sin embargo todos sabemos que Zapatero es un maestro en las formas que no necesariamente se relacionan después con su verdadera línea de acción.
Especialmente duro también se mostró Duran i Lleida, pese a que Zapatero le guiñaba un ojillo a ver si le echaba un cable. El señor Duran es un perro viejo y sabe que Zapatero necesita de su ayuda, así que se va a hacer de rogar. Y le va a hacer pagar lo que el PSC le hizo a CiU en las dos pasadas elecciones catalanas.
Un señor que me sorprendió gratamente fue Josu Erkoreka. El diputado del PNV arrastraba fama de buen orador y hombre de facilidad de palabra. No en vano recibió sendos premios al “Diputado Revelación” en 2002 y al mejor orador de la Cámara por parte de la Asociación de Prensa Parlamentaria. Lo cierto es que su estilo es inteligente, locuaz, irónico y bien hilado. Erkoreka manda un mensaje directo, y el esquema de su discurso no deja de merodear en torno a lo que realmente quiere decir. Voy a reproducir un trozo de su discurso que escuché en directo y que me parece de un nivel muy superior a lo escuchado habitualmente en esta Cámara.
En el hemiciclo no le falta donde elegir, a la hora de formar ese bloque. La Cámara le ofrece, básicamente tres opciones.Vd. puede optar por recuperar el eje de izquierdas con el que trabajó la primera parte de la pasada legislatura. Es una opción legítima. Ese eje tiene sus propias recetas para afrontar la crisis económica y, con su apoyo, el Gobierno podría disponer de una estrategia clara y un apoyo parlamentario firme y estable.
Alternativamente, también puede inclinarse por suscribir una gran coalición con el PP siguiendo el modelo alemán. Una fórmula de emergencia, que le obligaríaa buscar trabajosos consensos con esa derecha a la que la secretaria de organización de su partido acaba de acusar de “ultraliberal, ultraconservadora, insolidaria y antisocial”. Es otra opción.
Y en tercer lugar, cuenta, igualmente, con la posibilidad de recabar el apoyo de los partidos nacionalistas de vocación centrista que ocupan un espacio político intermedio entre Sarkozy y Segoléne Royale.
Estas son, a grandes rasgos, las tres opciones entre las que puede elegir si quiere dotar a su Gobierno de un respaldo parlamentario sólido y coherente. Hasta la fecha, es obvio que no ha optado por ninguna de ellas. No hay más que echar un vistazo al hemiciclo para comprobarlo. Desde el frente progresista le recuerdan todos los días de que sus ramalazos izquierdistas son poses vacías y sin recorrido, y le piden a Vd. que, además de en los mítines, se acuerde también de la izquierda en la política cotidiana.
Con el PP tampoco parece dispuesto a pactar. Excepto en Euskadi, claro está, donde las izquierdas y las derechas españolas comparten la alta misión patriótica de evangelizar a los bárbaros rebeldes del norte en los sagrados principios de la unidad de destino en lo universal. Pero aquello es Euskadi y esto España. Y los que allí son ángeles liberadores, aquí son seres perversos, demoníacos y repelentes. ¡Dios mío! ¡Cuanta razón tenía Josep Pla cuando decía aquello de que lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas!
Y por lo que se refiere a las formaciones nacionalistas de centro… ¿para qué hablar? Es clarísimo que tampoco con nosotros buscan acuerdos estables. A menos, claro está, que defienda usted la tesis de que las grandes relaciones de amistad y cooperación han de inaugurarse, siempre, pisando callos. Empezaron agraviando a CiU en Catalunya y ahora acaban de repetir la maniobra con nosotros en Euskadi. A unos de la mano de la izquierda independentista y a los otros de la mano de la derecha españolista. Inmensa coherencia la suya, señor presidente.
Para mi gusto, este trozo de su discurso es sencillamente brillante. Josu Erkoreka posee un dominio de la lengua española (incluído el uso de la palabra “palanganero“) que ya quisieran para sí muchos de los personajes que en nombre de la defensa de la supremacía del castellano se dedican a atacar a las distintas lenguas periféricas. Es curioso cuando los “malos españoles” vapulean en términos lingüisticos a sus oponentes, los “buenos españoles”, y lo que es más importante, a sus ideas.
Pero en fin, esto es un circo. Y en el circo tiene que haber de todo. Hoy continuaremos el debate con el turno del Grupo Mixto, que espero que despierte la misma expectación que el día anterior.




