Escribe Félix Monteira, actual director de Público, un bochornoso análisis sobre la actual situación en Euskadi y su perspectiva del futuro. Monteira, como fundador de El País y baluarte del proselitismo socialista, hace lo que mejor se le da: barrer para casa.
Se cumple así en Euskadi una de las virtudes de la democracia, que es la alternancia en el poder, aunque sea esta todavía una asignatura pendiente en algunas comunidades autónomas. No es el cambio, sin embargo, una ley de hierro, sino la soberana decisión de los ciudadanos, que imponen con sus votos la competencia en el ejercicio del poder.
Por un lado se nota el gusto del señor Monteira por la palabra “alternancia“. Me imagino que el unipartidismo instaurado en España y encarnado por el PPSOE, es el modelo a seguir. ¡Qué grata sorpresa se llevaría Cánovas del Castillo si levantara la cabeza y viera cómo todavía hoy trascienden y se aplican sus postulados! Siempre será mejor la injusticia al desorden, oiga. Por el otro lado, pronto empezamos con las sibilinas mentiras que se repiten como un ronroneo hipnotizante: “la soberana decisión de los ciudadanos, que imponen con sus votos la competencia en el ejercicio del poder“. El señor Monteira sabe perfectamente que la soberana decisión de los ciudadanos vascos es que sus representación siga siendo abertzale, como también lo saben las cabezas bienpensantes del PSE. Pero disimulan y siguen con su cantinela como quien oye llover para ver si con un poco de suerte cuela.
De las pasadas elecciones autonómicas, el PNV salió como el partido más votado, pero incapaz de reunir una mayoría para formar Gobierno. Pero la circunstancia de tener más diputados que el PSE no le da base para sostener que el Gobierno de Patxi López es ilegítimo. Su reivindicación inconsciente del monopolio se estrella con la realidad de que el líder socialista obtuvo el pasado martes la mayoría entre los representantes de la soberanía popular.
Muchos pensamos que el actual Gobierno vasco es ilegítimo, incluído el PNV. Que el PNV sea la lista más votada no es relevante, lo que cuenta es quien consigue una mayoría para gobernar. En este caso es el PSE. El problema radica en que se ha alterado la representación de la sociedad vasca, sentencias judiciales mediante, alterando así los resultados electorales. Faltan exactamente 8 parlamentarios abertzales que quitarían la mayoría al tándem PSE-PP, dejándoles en un incómodo 60% para el nacionalismo y un 40% para el españolismo.
El Gobierno que preside López, aparte de la novedad, propone una nueva vía que concita muchas esperanzas, pero conviene tener en cuenta que no está exenta de peligros. En primer lugar, los socialistas van a gobernar en minoría. Su estabilidad depende ahora exclusivamente del apoyo parlamentario del PP, lo cual indica que estará sometido a condiciones.
No, estará sometido a SUS condiciones. A las condiciones que ponga el PP. Un PP que lleva toda la vida quejándose de los denominados “partidos bisagra” pero que ronronea de gusto cuando ejerce el divino placer de mover los hilos y que otro ponga la jeta.
Gobernar en el País Vasco es un valor irrenunciable. “Para nosotros hubiera sido más fácil una coalición con el PNV a cambio de un pacto de lesgislatura que garantizara una mayoría estable en el Congreso”, afirma un destacado miembro del Gobierno. En esa solución de libro había un escollo difícil, la insoportable continuidad de Ibarretxe, y una apuesta catastrófica para el futuro. Ese descartado pacto hubiera acarreado un castigo electoral para el PSOE no sólo en Euskadi, sino en el resto de España. El País Vasco, más que cualquier otra comunidad, vota en todo el Estado. Y la España plural que formuló José Luis Rodríguez Zapatero antes de su acceso al poder apenas existe en el mapa. Los nacionalistas han perdido el poder, con la reducida excepción de ERC en el tripartito catalán.
Esta es la definición de hipocresía. El PSOE lo que ha hecho es lo que hace siempre, esto es, actuar por miedo. Por miedo Zapatero ha pasado de hablar de la España federal al “Gobierno de España”. Por miedo no se atrevió el PSN a gobernar con Nafarroa Bai e Izquierda Unida en Navarra. Y por miedo el PSOE no se ha atrevido a exponerse a una ofensiva de la derecha a través de sus medios por gobernar con el PNV. Gobernar con el PNV hubiera sido lo lógico y lo normal: entraría en el Gobierno vasco, suavizaría las posturas de Ibarretxe, crearía una Gobierno de “transversabilidad” como prometió en campaña y encima hubiera dotado a Euskadi de estabilidad política. Pero el partido de Zapatero no hubiera podido (o querido) soportar las embestidas de la España castiza, que verían como un Ibarretxe hasta hace poco estigmatizado y ridiculizado por periodistas como Neira se convertía en compañero de viaje de su partido de cabecera. En esta campaña de difamación, boicot y ridiculización contra el PNV y contra quien tenga voces disonantes dentro de esta España unitaria, grande y libre se unen toda la batería mediática del PP y PRISA.
La decisión compartida por el presidente Zapatero y por el propio Patxi López es aprovechar el capital político de ese triunfo vasco y los posibles beneficios políticos de una buena gestión en Euskadi. Es una apuesta coherente, porque la renuncia no hubiera sido comprendida, aunque ello acarrea una dificultad añadida para el Gobierno central.
¿Triunfo? Y dale. Así son los viejos perros de partido. Maquillan la realidad a su gusto, “liposuccionan” las partes que no les gustan y presentan a sus jefes como los triunfadores de rabo y dos orejas. Y encima le dan la vuelta a sus defectos y los presentan como si fueran virtudes. Le dan la vuelta a sus errores y los presentan como si fueran aciertos. Y le dan las vuelta a sus puñaladas para presentarlas como si fueran palmeteos.
Por otra parte me gustaría ver cómo el PSE va a conseguir una “buena gestión” con un Patxi López “coronado” gracias a su Ley de Partidos y subido a hombros de un PP que merodea como un buitre, que no tendrá prejuicio en dejarle caer de morros para echarle la culpa de la caída.
Todo sea por nuestra patria, torera y flamenca, que se merece que la cohesionemos aunque sea a golpe de espada. ¡Santiago, y cierra España!




