Por todo ello se puede inferir que los estándares democráticos en Irán son realmente pobres. Del mismo modo que se puede inferir que otros muchos países que dan lecciones de democracia a Irán no están mucho mejor en lo que al desarrollo de la democracia se refiere. Por mucho que en Occidente se presenten estas elecciones como una encrucijada entre fundamentalistas y reformistas, lo cierto es que hace tiempo que Irán pasó su Rubicón en este terreno. Fue al eliminar, tanto política como físicamente, a las fuerzas de izquierda que promovían un proyecto popular para la región. Algo que ocurrió con el apoyo de esos países occidentales.
En lo que se refiere a las elecciones de ayer, es posible que los pobres se equivoquen al pensar que Mahmud Ahmadinejad va a conseguir ahora mejorar sus críticas condiciones de vida. No obstante, parece plausible que los ricos acierten al pensar que sus intereses estarán mejor preservados si quitan a Ahmadinejad de su cargo. Esto no convierte a Ahmadinejad en mejor candidato, pero sí genera dudas sobre el verdadero perfil y los intereses que defiende el candidato que prefieren las potencias occidentales, Hussein Musavi.
Editorial en Gara




