Pues no es por ir de excéntrico, pero sigo pensando que las elecciones más importantes del domingo no se celebraron en Europa, sino en Líbano. Algunos analistas por allá resumen la contienda señalando que ganaron sorpresivamente los partidos apoyados por Francia y Estados Unidos, mientras que perdieron las fuerzas subvencionadas por Siria e Irán. Otros cuentan por aquí que perdió Hizbulá y que ganó el bloque prooccidental, y sueltan el adjetivo como un escupitajo: ¡prooccidental!
Ese prooccidentalismo tan despreciado es para muchos libaneses, y en especial para muchísimos beirutíes, el derecho a disfrutar de libertades que nosotros consideramos irrenunciables. La caricatura facilona del libanés afrancesado muestra a un gordo con gorra que come hamburguesas. La realidad es que, si mandara Hizbulá, el hijo homosexual de ese gordo podría acabar en la horca, la hija adolescente de ese gordo debería quemar la minifalda y el nieto inquieto de ese gordo odiaría dentro de unos años a su familia por no haber evitado la catástrofe o no haberse exiliado a tiempo. Si creen que exagero, dense un paseo por los barrios fundamentalistas.
Xabi Larrañaga, en Diario de Noticias




