Rosa Díaz aboga por eliminar el “cupo” vasco y navarro
Rosa Díez definirá su partido como “progresista”, pero no puede mandar más guiños a la derecha más reaccionaria. El discurso que utiliza es el del centralismo más acérrimo, asfixiante y homogeneizador de los buenos años de Franco. Si no fuera porque el manido “una, grande y libre” desprende un tufo a fascismo que tira para atrás, cogería esta frase y la haría su eslógan electoral.
Dos cosas nos ha enseñado la Historia española reciente: que durante los últimos 30 años se ha mantendido la tendencia a aumentar la financiación y la autonomía de las comunidades, y que cuanto mayores son las competencias asumidas, mayor es la calidad y el bienestar de la ciudadanía.
La cantidad de dinero que el Estado da a las comunidades fue desde el 15% de González, al 30% con Aznar y ahora se habla de que Zapatero va a subir esta cantidad hasta alrededor de un 50%. Esto es de lógica si observamos la cantidad de competencias asumidas por las comunidades, competencias que el Estado ya no tiene que atender, gestionar ni financiar.
El mayor exponente de la autonomía de las comunidades lo tenemos en Navarra y Euskadi. Estas dos comunidades tiene su propio órgano dedicado a la recaudación de impuestos, y son estos quienes se encargan de pagar al Estado un “cupo” en concepto de las transferencias que no tienen asumidas (Defensa, Exteriores, Tráfico…), que empiezan a ser minoritarias.
Este es un modelo maduro, probadamente funcional y beneficioso para todos. Entonces, ¿por qué Rosa Díez retrasa el discurso 30 años y se alinea con el ideario del Régimen? Los motivos no son prácticos o económicos, sino puramente políticos. La visión que comparten UPyD, el sector más duro del PP y la extrema derecha es la de que España es una, y no se puede dejar que se desmembre. Es por eso que tratan a las autonomías como colonias sumisas a los intereses de la Patria Grande. Y que todo este chiringuito autonómico, el “café para todos”, no es sino un debilitamiento de la unidad de España en pos del secesionismo.
Si al ideario con el que dotó José Antonio Primo de Rivera al Movimiento Nacional le quitamos su componente ultracatólico, tenemos el programa de UPyD.
Y esto sí que es escalofriante.




