La causa “antiterrorista” es como un pelotón de ciclismo. Hay alguien que va en cabeza, rompiendo el viento y favoreciendo a los que van detrás, y los de detrás empujan el pelotón y apoyan al que va abriendo. Es un ejercicio de compenetración y adición de fuerzas.
Patxi López, envalentonado por los medios de comunicación y el Gobierno, que le van tirando botellines desde el arcén, va marcando el paso de la lucha “antiterrorista” para que otros vayan por detrás, aprovechándose del mascarón de proa, aplicando con mucho gusto lo que ellos no se han atrevido a hacer hasta ahora. Pero ya se ha roto el hielo y es difícil resistirse a participar en esta gran hoguera colectiva, donde lo que se lleva es desenfundar el dedo acusador y revivir el viejo Salem, donde ETA encarna el papel de Satán.
Ayer, en una nueva vuelta de tuerca, la Policía Municipal de Pamplona (cuyo Jefe Simón Santamaría, el apéndice armado de UPN, un personaje reprobado por todos los grupos políticos del Ayuntamiento) ha visto indicios de “apología del terrorismo” en dos pancartas de las peñas de San Fermín. Se trata de las de Armonía Txantreana y la de la Peña San Fermín.
En ambas pancartas salen representados sendos presos que los medios se han apresurado a etiquetar “de ETA”. Si bien es cierto que uno de los dos (“Kurica”) está condenado por asesinato y pertenencia a banda armada, el otro (Iñaki Marín) lleva encarcelado desde octubre por un presunto delito de pertenecencia a SEGI, organización que los jueces nos han vendido como parte de ETA, aunque la realidad sea muy distinta. En cuanto al motivo de su aparición, al primero se le da la bienvenida a su barrio (la Txantrea) después de su salida de prisión y del segundo se pide su excarcelación. No es que sean odas a la violencia de ETA precisamente.
Lo curioso del caso es que este mismo procedimiento no se hubiera aplicado el año pasado. O el anterior. O el anterior. O cualquier otro año. Máxime cuando la normativa no ha variado.
El Ayuntamiento de Pamplona, comandado por Yolanda Barcina, se ha apresurado a congelar las subvenciones a ambas asociaciones. UPN ya ha comenzado la modificación de la normativa de modo que “ni un sólo euro de dinero público se destine al apoyo al terrorismo”. Esto es la antesala de la eliminación de subvenciones municipales a la Federación de Peñas de San Fermín, el alma de la fiesta y una de las tradiciones más importantes de la ciudad.
Yolanda Barcina sigue mostrando su carácter autoritario y caciquista. El Ayuntamiento de Pamplona dedica todos los esfuerzos posibles para la erradicación de cualquier actividad que se mueva fuera de su radio de alcance. La persecución y censura de cualquier tipo de iniciativa popular es, tristemente, el día a día de la capital navarra.
¿Realmente se está luchando contra el terrorismo? ¿O se está aprovechando el terrorismo como excusa irrenunciable para otros fines?




