Muchas veces me he preguntado por qué hacen esto. Por qué tanto odio contra Catalunya, y qué les hemos hecho nosotros. He llegado a la conclusión de que no es lo que hacemos, sino lo que no les hacemos: ¡no les votamos!
Con la coyuntura actual, es imposible que el PP gobierne en Catalunya, así que su estrategia se basa en quemar sus posibilidades catalanas para conseguir apoyos en el resto de España. Y aquí llegamos al quid de la cuestión, y el motivo real por el que en Catalunya no cae bien el PP: nos están utilizando para beneficio propio.
Usan agravios, como el del estatuto catalán y el andaluz, que adornan mentiras no carentes de ironía, como las cuñas precisamente en las radios andaluzas. Manipulan, con mesas para que ciudadanos anónimos firmen y así conseguir encender los ánimos. Se inventan realidades paralelas, como que el castellano está perseguido o en peligro de extinción, cuando es el catalán el que cada vez se habla menos. Usan la cuenca del Ebro como cortina de humo para desviar la atención de la falta de infrastructuras hídricas de Murcia, que podrían ser inmensas ya que dispone de playa.
En Zaragoza contestaron, con sorna, que «si Murcia quiere agua, Aragón quiere playa». La realidad sobrepasó al montaje del PP cuando, el año pasado, Barcelona tuvo que recorrer a severísimas restricciones de agua e incluso –manda narices– a traer agua de las desaladoras de Murcia porque los pantanos estaban al 15% de su capacidad. No sobra agua, nunca sobra, y lo que las comunidades costeras han de hacer es construir desaladoras, como ya se está haciendo en el área de Barcelona. Tarde, pero se está haciendo.
He hecho un intensísimo esfuerzo para no mezclar PP con medios afines al PP. Si analizamos el vergonzoso comportamiento de El Mundo, del que llevo leyendo las portadas de la edición madrileña desde hace cinco años, y se pueden contar con los dedos de la mano las veces que no ataca a Catalunya, la indignación se dispara. Sumemos a la COPE, Libertad Digital y otros medios, y conseguimos un caldo de cultivo que salta a la mínima. Por supuesto, aquí también tenemos medios de la izquierda independentista que intentan el efecto contrario para conseguir votos, pero dos incorrectos no hacen un correcto.
Carlos Fenollosa, en Dame la Voz




