Tal y como se preveía desde hace unos días, ayer se consumó la ruptura del pacto de gobierno que mantenían UPN y CDN desde hace 6 años. La formación liderada por Yolanda Barcina se había beneficiado de las matemáticas parlamentarias propiciadas por el entendimiento con sus otrora compañeros de partido y la formación de Burguete veía recompensado su apoyo con dos consejerías; consejerías que por otra parte gestionaban de manera más que correcta.
¿Por qué UPN ha roto el pacto de gobierno con CDN a mitad de legislatura, y de estas maneras? Primero habría que aclarar que el precursor de esta desaveniencia no es UPN, sino Miguel Sanz. En la persona del ex-presidente de UPN tenemos que buscar las claves para entender la ruptura.
La primera clave la tenemos que buscar en una mezcla explosiva que son las responsabilidades cada vez menores de Sanz dentro del partido y el Gobierno, y un ego desmedido que crece de forma inversamente proporcional a su relevancia dentro de la política navarra. Sanz es un político en retirada que se asemeja cada vez más a otros muchos políticos que, una vez finalizada su actividad política (o rebajada esta), se dedican a ir de tertulia en tertulia sin más limitaciones que su propio sentido común. Léase Ibarra, Anasagasti o Aznar. Lamentablemente en esta ocasión el personaje en cuestión es todavía Presidente del Gobierno de Navarra y goza de total libertad de actuación, sin freno ni palanca.
La segunda clave está en la soberbia personalista del propio Miguel Sanz. Hace ya un año rompía su alianza histórica con el PP por motivos nimios, pero aderezados por una actitud altiva y desafiante del de Corella. En esta ocasión, unas formas autoritarias, humillantes y amenazantes han obligado a CDN a mantener su posición en tanto querían mantener su dignidad como partido.
La razón de fondo (la reforma de la Ley del Euskera, o “Vascuence” para UPN) no es una razón de peso. Hablamos de una votación parlamentaria donde para el resultado era irrelevante la postura de CDN, dado que NaBAI, PSN e IU albergan la mayoría absoluta de la cámara. En un gesto de tratar de agradar a UPN, CDN anunción que cambiaría su voto de favorable a abstenerse. Pero no era suficiente sumisión para Sanz.
La tercera clave a buscar está en el odio acérrimo que desprende Miguel Sanz, y en esto sí le acompaña UPN en montería, hacia la “lingua navarrorum”. No entiende, ni quiere entender, que esta lengua es patrimonio histórico y cultural de Navarra. Que el modelo lingüístico D (todo euskera) es el que más crece en los últimos años pese a sus desatinos y esfuerzos por minimizarlo y desacreditarlo. Que más de un 20% de la población habla euskera.
Y la última clave, y definitoria, es el rumbo al que quiere someter a su partido antes de abandonar el barco. Sanz pisa el acelerador y dirige el timón para que una vez que él no esté nadie pueda cambiar ya la inercia del partido. Y su destino es el PSN.
Sanz sabe que CDN es un partido cada vez más minoriario, que en estas últimas elecciones se ha quedado sin representación en Pamplona y encima no le ha dado la mayoría absoluta en el Parlamente. Cualquier pacto de estabilidad de gobierno tiene que pasar, necesariamente, por el PSN. Y en este sentido cabe entender la decisión de soltar lastre y romper con el PP en Navarra. Navarra no es Euskadi, y lo que allá se entendería como un pacto contra-natura necesario en pos de la cruzada contra los secesionistas, en Navarra no se justificaría una coalición UPN-PP-PSN.
Para entender todos estos movimientos hay que entender la mente de Miguel Sanz. El todavía Presidente de Navarra tiene un prioridad por encima de todos sus compromisos políticos: evitar que NaBAI entre en el Gobierno. Y este objetivo se ha de conseguir a cualquier precio. Hace ya dos años que vió como en el último momento un veto desde Madrid evitó un gobierno de NaBai con el PSN e IU. Estuvo muy cerca y Sanz sintió en sus propias carnes el terror vasquista.
Desde entonces todo el afán de UPN es llevarse al PSN al granero para evitar que caiga en manos de la coalición vasquista. Sabe de sobra que el PSN tiene la llave del Gobierno de Navarra. Por un lado están UPN, PP y CDN, que no alcanzan la mayoría absoluta. Por otro lado están NaBAI e IU, que tampoco la alcanzan. Y en medio está instalado el PSN, que le encanta jugar a dos bandas y que hace de partido “bisagra” entre los dos grandes bloques. Pese a ser esto una desfachatez ideológica (¿socialista? ¿izquierda? ¿progresismo?), su situación es muy rentable para el partido de Jiménez, que no hace ascos a los cantos de sirena y los arrumacos que le dedican desde la sede de Merindades.
Las próximas elecciones en Navarra tienen pinta de ser apasionantes.




