Una de las cosas que más me fascina de internet es la capacidad que nos brinda a los usuarios de encontrar auténticas perlas en los sitios más recónditos. Hablando sobre la prostitución, un comentario se alza sobre el resto. Un comentario estructurado, razonado, bien redactado y encima acertado. ¿La diferencia entre esto y una columna? Defenestrada.
Que la prostitución por sí misma sea una práctica indigna o degradante para quien la ejerce, entendiendo dicho ejercicio como opción voluntaria o forzada por las circunstancias, no por terceras personas, es algo en principio bastante discutible, y que inevitablemente nos lleva a comparar con otras prácticas sociales esclavizantes mucho más aceptadas.
Aunque lo siguiente parezca demagogia, son hechos: hay multitud de personas que a diario se ven obligadas a limpiar los excrementos esparcidos por suelo y paredes (orines y heces) de gente bastante poco respetuosa (que abunda) en los baños de un centro comercial, por poner uno de muchos ejemplos “degradantes”, y no lo hacen precisamente por voluntad propia (aunque nadie las obliga, hablando estrictamente), sino por la necesidad de subsistir económicamente.
Ahora bien, estas personas tienen una protección jurídica en su entorno laboral, cosa de la que carecen las que se dedican a la prostitución. El debate estaría en si queremos que estas últimas sigan sin tenerla.
De acuerdo en que no se la puede considerar una profesión como cualquier otra, no lo es, como tampoco lo es la profesión de actriz porno, y que la prostitución conlleva un elevado riesgo para quien la ejerce, y que está relacionada con esferas muy íntimas de la persona que innatamente consideramos inviolables (nuestra sexualidad, nuestro cuerpo), pero ello no implica automáticamente que sea degradante por sí misma, a no ser que aceptemos que limpiar la mierda de los demás también lo es, entre otras formas de ganarse el pan, y tampoco me parece un argumento de peso en contra de su regulación.
No pretendo comparar la prostitución con actividades laborales poco “deseables”, el mercado del sexo tiene unos riesgos y tiende a desarrollarse en un ambiente mucho más peligroso e insalubre para quien lo ejerce, pero si el argumento es la dignidad de la persona, entonces nos veríamos obligados a replantearnos gran parte del mercado laboral.
Sin duda, el porcentaje de personas que eligen ejercer esta profesión de forma totalmente voluntaria y no forzada por una situación económica (mafias aparte) es mínimo, pero no obviemos que lo mismo podría decirse de un buen número de “profesiones”. En definitiva, sigo sin ver razones de peso, ni morales ni pragmáticas, para mantener a este colectivo desregulado.
welcometothefall, en Menéame




