España sigue presa de la palabra “terrorismo”. En el momento que la palabra “terrorismo” cae sobre la mesa, desaparece toda duda, todo razonamiento y toda lógica. Toda la sociedad cae en un estado de psicosis colectiva donde se pierden los papeles, las formas y hasta los derechos más fundamentales de algunas personas.
La palabra “terrorismo” nubla la vista de una sociedad con el hígado tan castigado a golpe de informativos, artículos y soflamas varias que ya no tiene el menor ápice de duda sobre la conveniencia de cualquier acción policial, judicial o política sobre quienes son marcados con el pañuelo rojo del “terrorismo”.
Sólo así se entiende que el país entero no se haya echado las manos a la cabeza por el asalto que ayer practicó la Policía Nacional, a instancias de la Audiencia Nacional, mediante el cual se detuvo a varios miembros de la izquierda abertzale, entre los cuales se hayaban Arnaldo Otegi y Rafa Díez.
La imagen de ayer ya la habíamos visto antes, pero con actores distintos. En el Chile de Pinochet, en la Argentina de Videla, en el Perú de Fujimori o en la España de Franco. Escenarios donde el Estado, a expensas de salvar al pueblo de un enemigo magnificado, se salta los Derechos Humanos, las libertades civiles o rodea sibilinamente la propia legalidad vigente.
O directamente, como en España, se modifica la Ley para que todo encaje. La Ley de Partidos ha hecho un roto en el tejido democrático que hace que todo cobre sentido bajo una lógica perversa y retorcida en la que, si vamos retrocediendo escalones atrás, vemos como toda esta persecución ciudadana tiene origen en un sinsentido aún mayor: que Batasuna y ETA son lo mismo. Si esta premisa fuera empíricamente verdadera, todos los miembros de Batasuna deberían estar en la cárcel acusados, entre otras cosas, de pertenencia a banda armadas o de colaboración con organizaciones terroristas. Sin embargo no es así. Por lo que están en una suerte de limbo judicial donde pueden ser acusados a capricho de la Justicia española, según la conveniencia del momento.
Pero, ¿conveniencia para quién? Para quien orquesta todo esto desde arriba. Debiéramos de ser muy ingenuos para negar que la separación de poderes en España es un concepto méramente retórico. Es el Ministerio de Interior quien, a requerimiento de las encuestas que maneja el Gobierno, pone en marcha una maquinaria totalitaria digna de las dictaduras más oscuras con el fin de dar circo al pueblo. Pueblo que, como decíamos al principio, vive en un estado de shock inducido con el que justifica cualquier cosa.
Sino, ¿cómo se puede entender que el grueso de la prensa lleve meses hablando del “polo soberanista”, del anhelo de la izquierda abertzale de desmarcarse de la violencia y del ninguneo que sufre Otegi por parte de ETA por sus postulados al margen de ella, y ahora de repente nos hacen creer que las detenciones de estos dirigente se justifican en que estaba actuando “dirigidos por ETA”? ¿Qué clase de desvergüenza es esta? ¿Por qué los medios de comunicación nos toman como si fueramos imbéciles?
Tal vez porque, en conjunto, lo somos. Pocas son las personas a las que les han asaltado dudas sobre la foto de ayer, donde la policía, actuando de noche y bajo el rosto anónimo y encapuchado, detenían a varios dirigente políticos reunidos en las instancias de LAB en Donosti. Quizás sean esas reminiscencias a los tiempos de los “grises” lo que más me pone los pelos de punta, esos déjà vu con olor a Proceso de Reorganización argentino.
Ayer fue un día muy triste para todos, aunque creamos que no. Quizás sea la puerta a la ilegalización de LAB.
Pero no se preocupen: son los malos.
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Es curioso como Público, quien bajo dirección de Ignacio Escolar ponía un ápice de sentido común dentro del desolador panorama general de la prensa española, se ha convertido en un lamenalgas del Gobierno. Su “todo tiene sentido, circulen” es vergonzoso. “La Policía y el juez Baltasar Garzón cortaron ayer el enésimo intento de Batasuna por volver a ser el referente de la izquierda abertzale que respalda a ETA aún desde la clandestinidad”
Sin embargo El País, quien tiene el título de lamenalgas oficial, tiene el detalle de publicar en la portada de su web un artículo bastante serio sobre quién en Rafa Díez y qué papel ha jugado. Algo más que un sindicalista.
A modo de reflexión, Paul Rios, miembro de la coordinadora Lokarri, escribe en su blog un artículo bastante ilustrativos de ante qué nos enfrentamos. ¿Quiere abortar el Gobierno el debate de la izquierda abertzale sobre la violencia?




