España es una de los países que más va a sufrir con la crisis. A los problemas endémicos que sufre, tales como el paro o el alargamiento de la recesión económica, hay que añadir uno de gran calado: la incompetencia del Gobierno. El ejecutivo de Zapatero es una suerte de funambulista que intenta contentar a todos, pero que acaba por sacar de sus casillas a propios y extraños. Las medidas para paliar o enmendar la crisis no son sino un desfile de improvisaciones sin orden ni concierto que pasan de puntillas para no molestar a nadie.
Pero es que hay una alternativa a este Gobierno: el Partido Popular.
Decir que a día de hoy no existen las izquierdas ni las derechas es una soberbia memez. Siguen existiendo los partidos de izquierdas y los partidos de derechas. Que ahora nos dirimamos entre la derecha light y la derecha pura no significa que estos términos hayan dejado de tener sentido. Y el Partido Popular es un partido de derechas, con una visión de derechas y unas políticas de derechas.
Estas son las que han sido históricamente: defender los intereses de las clases altas. Hoy, además, son la representación del ala neo-conservadora de ideas liberales (o capitalistas) y de la defensa de catolicismo que tanto calado ha tenido en España. Y todo ello es perfectamente legítimo.
Ayer, Cristóbal Montoro estuvo en “Los desayunos de TVE” para mostrar algunas de las medidas que el PP tomaría en este momento, y es aquí cuando vemos sus prioridades.
Por un lado habló de cambiar la negociación colectiva, dejando entrever que hay que dar más rienda a los empresarios para que optimicen los rendimientos de las empresas a costa de los derechos de los trabajadores. Dentro de esta medida sugirió que los salarios no siguieran al IPC automáticamente. Si bien en términos económicos esto no es un sinsentido, en términos humanos es abominable. Descolgar los salarios del IPC sería dejar la suerte de los trabajadores en manos del mercado. Empresarialmente esto es muy rentable: los costes por mano de obra se estabilizan o incluso se reducen.
También habló del sistema público de empleo. Si bien es cierto que su funcionamiento es francamente malo, no habló de dotar al servicio público de más recursos o una mejor reestructuración del mismo: habló de dejar que sea la iniciativa privada quien se encargue de la colocación de parados. Y creo que, a la luz de la experiencia, ya tenemos bastante con aguantar a las sanguijuelas de las ETTs, las agencias de trabajo y las subcontratas de “servicios externos”. No sólo no han mejorado la búsqueda de empleo, sino que se ha creado un nuevo intermediario que vive a costa de los currelas que seguimos viendo como viven de precarizar el empleo.
Otra de las prioridades del partido de Mariano Rajoy es la lucha contra el absentismo laboral. Yo también creo que es importante, pero no en este momento. La lucha contra el absentismo laboral no es una prioridad para los 4 millones de parados que existen en España, sino es la lucha del empresariado.
Todas estas política no son malas en sí mismas, sino que son medidas de derechas. Estas medidas priorizan los beneficios económicos de las empresas por encima de los trabajadores. Es normal. Lo que no sería normal sería que un país de trabajadores tuviera un gobierno de derechas.
Sin embargo aquí estamos, sentados entre un Gobierno incompetente y una oposición amenazante. Menos mal que las elecciones son dentro de unos años y podemos dar tiempo a la situación para que se normalice. Pero no pondría la mano en el fuego por ello.




