No han tardado los medios de comunicación ni 24 horas en justificar a bombo y platillo las 34 detenciones que se produjeron ayer. A instancias del Ministerio de Interior, los diferentes diarios de tirada nacional se han esforzado en explicar a la ciudadanía el papel que representa la desconocida Segi: son la “cantera” de ETA.
Esta explicación es tan simple como efectiva. ¿Quién no entiende qué es la “cantera” de ETA, y que merece ser detenida? ¿Cómo puede caber una sola duda de que son culpable de delitos de terrorismo, o en su defecto, lo serán algún día?
Estas explicaciones tal vez puedan colar entre la gente que nunca han tenido contacto con la juventud abertzale, pero para los que vivimos el día a día aquí tenemos una percepción de la realidad que hace caer por su propio peso las tesis de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Para empezar porque se asume que la llamada “kale borroka” es un fenómeno planificado, organizado y orquestado desde ETA y que ponen en práctica las llamadas “juventudes”, en este caso Segi. Sin embargo las Autoridades saben perfectamente, como lo sabemos quienes conocen este mundo de primera mano, que la “kale borroka” tiene bastante más que ver con grupúsculos de jóvenes descontrolados que con un plan maestro de ETA.
Precisamente ésta (“descontrolados”) era la definición que el propio Gobierno daba cuando, durante la tregua y el último fallido proceso de paz, se organizaban ataques callejeros pese a que ETA estaba en tregua.
Sin embargo, cada día que pasa, esta “realidad alternativa” que nos venden a través de los medios de comunicación se hace más fuerte. Pocos son ya los que se plantean dudas respecto a estas detenciones más allá de las fronteras de Euskadi y Navarra. Todos han dado por fiable y verídica la explicación del Ministerio de Interior sin pararse a pensar en qué es realmente Segi.
La propaganda funciona.
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Paul Ríos, coordinador de Lokarri, escribe un interesante análisis de cuáles sobre los motivos que han llevado a el Ministerio de Interior a desencadenar esta operación policial: La Ser centra, la Audiencia Nacional remata y Rubalcaba grita gol.




