A día de hoy, decenas de países del mundo siguen aplicando la pena de muerte como parte de sus sistemas judiciales. Me gustaría apuntar tres argumentos rápidos para intentar convencer a las personas que todavía siguen apoyando este brutal método de “justicia” como una vía legítima de defensa de la sociedad.
Porque se admite que el sistema judicial es perfecto.
Sólo desde el ideal de que el sistema judicial y penal no tiene imperfecciones ni comete errores se puede apoyar castigos irreversibles. La aplicación de la pena capital es definitivo, irremediable e irreparable. En la práctica está sobradamente demostrado que el hombre no es perfecto y que, consecuentemente, los sistemas que diseña y aplica tampoco lo son. Así pues, no debería permitirse que haya ejecuciones sobre un sistema judicial que no ofrece una garantía total sobre los juicios emitidos. Algo que en la práctica es imposible.
Porque nadie tiene autoridad para llevar a cabo una ejecución.
Aparte de la ironía que desprende el que un crimen se castigue con otro crimen, ninguna persona ostenta la autoridad necesaria de quitar la vida a otra persona. Las sociedades que permiten el uso de la pena de muerte crean una autoridad invisible e intangible, la “sociedad” o “Estado”: la unión de todos. Pero, ¿desde qué punto de vista la unión de muchas personas sin legitimidad de matar es legítima para matar? Sólo desde la impersonificación de ese juez y verdugo (“somos todos”) se puede llevar a cabo sin remordimientos.
Porque el sistema judicial no debe ser nunca vengativo.
Si algo hemos aprendido a través de la Historia (o deberíamos haber aprendido) es que la venganza es una deformación de la justicia. Es un sentimiento de búsqueda de la Justicia Divina que se pierde en el camino y que no suele llevar a nada bueno. Es por eso que no se puede dar voz a los agredidos en los castigos de los agresores. Los castigos que imponemos deberían ser imparciales, reflexivos, razonados, razonables y orientados a un fin concreto: la reinserción del preso en la sociedad. Si esto no fuera posible, se buscaría vías para proteger a la sociedad de estas personas, pero nunca a través de la ejecución.
Es más que probable que ya se hayan repetido mil veces, con otras palabras y otras firmas, pero no está mal de vez en cuando hacer un repaso de por qué creemos en lo que creemos.
Más información sobre la pena de muerte en la Wikipedia.




