18
Dic 09

Las descargas en internet

La Ramera en P2P

Uno de los grandes aciertos de la parrilla televisiva pública es, sin duda, el programa “59 segundos“. Un programa de debate que ha conseguido la fórmula exacta para que los participantes no se pisoteen e interrumpan entre sí y que encima no aburran al público general.

La última edición, un especial sobre la polémica desatada por el Ministerio de Cultura, contaba con la colaboración de especialistas en el tema como David Bravo, con el periodista Nacho Escolar (cabeza visible en la blogsfera) y con el representante por la SGAE José Miguel Fernández Sastrón. Todo ellos han sido muy correctos y claros en su exposición. No tanto así Enrique Urbizu (presidente de DAMA), que ha perdido los papeles de manera casi infantil.

El problema que se debatía es claro: hay unos contenidos generados por unos autores, y hay unos consumidores de esos contenidos que están aprovechado el nulo coste de las copias digitales. Esto provoca pérdidas importantes en el sector cultural.

La solución ya no es tan clara. Los representantes de los internautas apostaban porque el sector buscara nuevas formas de rentabilizar la comercialización de los contenidos, ya que está probadamente demostrado que, hoy por hoy, es muy difícil mantener una industria en estas condiciones.

Por el otro lado, los representantes de los autores no tenían muy claro hacia dónde debían dirigirse. Atendiendo a las intervenciones de Urbizu, la solución pasaba por impedir las descargas ilegales mediante el control policial, haciendo un símil con la pornografía infantil: si alguien consume o comparte pornografía infantil, la Guardia Civil se personará en su casa para detenerle.

Y esta postura, por radical que parezca, es la postura que mantienen la mayoría de los autores. Contra el crimen, el castigo.

Sin embargo, hay varios detalles muy importantes que no están teniendo en cuenta, y que resultan de vital importancia para entender cómo afrontar este problema.

Las descargas en internet son legales. Hoy por hoy, es perfectamente legal descargar canciones de internet sin pagar por ello, siempre que no haya ánimo de lucro. Ya ha habido suficientes sentencias en este sentido como para que los autores cambien su discurso. Incluso se han convocado actos público de descarga de canciones, avisando a las autoridades pertinentes, para demostrar públicamente que los usuarios no incurren en ningún delito.

Habría que cambiar las leyes para convertir las descargas en ilegales. Pero hay un problema: no está claro que los ciudadanos estén por la labor de ceder a las exigencias de los distintos colectivos de autores, máxime con la mala fama que se están creando por cuestiones como ésta.

Las descargas en internet son imparables. No es algo que se pueda atajar mediante legislación restrictiva. Hay casos paralelos que pueden servir de símil para buscar soluciones. Por ejemplo, el aborto es el gran fracaso social del siglo XXI. Sin embargo no podemos dar la espalda a la realidad y debemos aceptar que existe, que ha existido y que seguirá existiendo, al margen o dentro de la ley. Es por ello que hay que regularlo, por la seguridad de las mujeres y la salud pública. Otro ejemplo, que sigue siendo la patata caliente de todos los gobiernos de la Historia en medio mundo, es la prostitución. La prostitución ha existido siempre y seguirá existiendo. Es otra realidad que debemos aceptar.

Siempre que no vaya contra los Derechos Humanos, debemos intentar adaptar la legislación a la realidad, o de lo contrario empezaremos a parecernos a una Iglesia siempre de espaldas al mundo real, con un pontífice que desaconseja el uso de los preservativos y en su lugar propone la abstención como alternativa.

En el terreno de internet, los usuarios son tecnológicamente muy superiores a las autoridades. Es por ello que no puede haber un control eficaz sobre los contenidos, las descargas o los intercambios. Los cifrados de datos, los proxies, la redes privadas virtuales, los túneles, la encriptación de las comunicaciones… son algunas de las técnicas y herramientas que utilizan (utilizamos) los internautas para proteger nuestra privacidad y anonimato en internet. Prácticamente todos los sistemas de seguridad hasta la fecha (¿he oído 09-f9-11-02-9d-74-e3-5b-d8-41-56-c5-63-56-88-c0?) han sido reventados por la comunidad en internet en cuestión de días. ¿Por qué empezar una lucha que está perdida de antemano?

La solución no está nada clara. Pero desde luego dudaría mucho que pasara por mantener modelos de negocio a golpe de legislación. Ya es hora de que los autores saquen la cabeza de su agujero y empiecen a buscar alternativas.

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