Que la abogada pida permiso para que el acusado pueda beber agua, pues se lo estaban impidiendo sus policías custodios, y se desplante con un “por mí como si toma vino”, es más propio de una burda tertuliana de Tele5 o de el borachín del bar de abajo, que de una juez ejerciendo sus funciones. No, señora Murillo, debe usted saber que el acusado está obligado a pedirle permiso a usted para beber agua, el acusado y toda la sala depende de usted, porque es usted la autoridad única y suprema en ese recinto. A usted le concierne, le incumbe, y está obligada a dar respuesta correcta a cualquier petición que se haga en la sala. Así que no puede hacer usted como si la petición no va con usted. Diga un sí, un no, o un “dentro de un rato”, o “se suspende por 5 minutos la sesión”, o algo que conste en el deredcho procesal, pero no un “por mí como si bebe vino”. Le diré por qué, ya que usted no sabe comportarse. Porque si usted dice en la sala “Se suspende la sesión por necesidad de cambio de vestuario” porque a usted se le ha roto la toga, y el acusado o un abogado le salta “por mí como si se va a mear” o “por mí como si se cambia la braga”, o cualquier bobada parecida a lo que usted, en puro estilo chabacano soltó, seguramente usted habría abierto una causa por desacato al abogado o al acusado.
Tirita, en Pasando de esta línea…
Interesante el apunte que hace en referencia a la labor de esta misma magistrada en relación con el macrosumario 18/98:
Cuando a otro grupo de vascos (contra quienes parece que usted tiene algo personal) les condenó usted por terrorismo aduciendo que una asociación que defiende la desobediencia civil pacífica como método para alcanzar logros sociales, sirve a intereses terroristas (Asociación Josemi Zumalabe en el juicio 18/98). Usted con su animosidad personal y falta de objetividad que mostró durante ese juicio condenó después a personas a las que luego sus superiores tuvieron que absolver. Causando usted un daño irreparable a los encausados, y pudiéndolo haber causado aún mayor, de no haber sido corregido su sentencia injustificada. Su animosidad causa daños en los ciudadanos. Y su cargo es de mucha responsabilidad, más que la que su personalidad soporta.




