Mucho se ha especulado sobre las conclusiones finales que resumirían el largo proceso de debate interno suscitado en Batasuna, rebautizada ahora como Ezker Abertzalea (izquierda abertzale), sobre su estrategia a seguir en los años venideros, viéndose agotado su actual programa político.
Lo primero que quiero resaltar es el esfuerzo que ha efectuado la IA para que el susodicho debate se hiciera desde sus bases hacia arriba, y no al revés. La organización en asambleas locales y provinciales me parece un ejemplo a seguir por cualquier partido político que se precie de serlo. Además, sus militantes han tenido el valor de llevar adelante este debate con la amenaza constante de actuaciones policiales y judiciales arbitrarias, como bien hemos podido ver en las detenciones de hace unos meses de Otegi y otros implicados en este debate.
La situación es clara: la izquierda abertzale necesitaba abrir un debate interno sobre qué estrategia seguir dado que no puede seguir soportando la actual situación de exclusión antidemocrática, pero en la práctica real, que le impedía representar a su electorado. Además, las voces que pedían un alto el fuego, o incluso un rechazo explícito a la violencia de ETA, eran cada vez más y más importantes.
Leyendo la declaración “Zutik Euskal Herria”, que es como han titulado a su ponencia política base de cara al futuro, podemos hacer varias observaciones. Lo más evidente resulta el lenguaje casi críptico y confuso, deliberadamente triunfalista y ambiguo a partes iguales, con el que emborronan el mensaje que quieren transmitir. Soy consciente del delicado momento de fuerzas que actualmente hay dentro de la IA, por lo que considero justificado una declaración prudentemente equilibrada para lograr un consenso interno amplio que no deje espacio a escisiones.
Pero aún así, creo que la IA está cometiendo un error muy grave que ya se ha cometido en el pasado: unir la ausencia de violencia con el cuestionamiento del actual marco jurídico de Euskal Herria. Sin ir más lejos, éste fue uno de los motivos de ruptura del último proceso de paz fallido con el Gobierno de Zapatero. Supeditar el escenario sin violencia a la puesta en marcha de un proceso democrático autodeterminacionista va contra la voluntad mayoritaria del pueblo vasco.
Por un lado tenemos la violencia de ETA, que ha cesar su actividad de manera unilateral e inmediata, y por otro lado tenemos una apuesta, desde su 10% (aproximado) de representación de la ciudadanía vasco-navarra, por el cambio de modelo político. Esa apuesta es tan legítima como cualquier otra, pero necesita el apoyo del resto de fuerzas democráticas abertzales para emprender ese camino hacia la autodeterminación, en primera instancia, e indepentismo, si es que así lo quieren sus bases.
Lo que no es de recibo es encontrarse con frases como “La Izquierda Abertzale reafirma su compromiso de atender al pueblo y a la ciudadanía, de tener como norte sus deseos y anhelos, así como de respetar y hacer respetar su voluntad” y luego incluir a Navarra como parte integrante e irrenunciable de Euskal Herria cuando a día de hoy, tristemente, la voluntad navarra no está en absoluto por la labor de formar parte de ello.
Otra cuestión que no aclara el texto es qué pasará cuando los gobiernos franceses y españoles se nieguen en redondo a reconozcer la autodeterminación del pueblo vasco, como presumiblemente lo harían a día de hoy, o si no se consigue articular una mayoría abertzale que pueda poner en marcha el proceso de cambio. ¿Estará ETA dormida para el caso en el que esto ocurra, o por el contrario se habrán desarticulado irreversiblemente?
Todo esto lo aclararía perfectamente si cuando habla del “cambio político” se refiere al cambio institucional vasco -autodeterminación- o si por el contrario se refiere al cese definitivo de la violencia e inicio de un período de democracia sin injerencias de ETA.
De momento parece un buen comienzo, pero ya hemos visto otras declaraciones similares, anunciadas a bombo y platillo, que a la postre no han servido para nada (Anoeta o Altsasu, sin ir más lejos), e incluso otras más ambiciosas, consensuadas y comprometidas (Lizarra) que tampoco acabaron en nada reseñable.
ETA tiene la palabra. Y es la IA quien se la ha dado. Y esto es algo por lo que yo no lanzaría las campanas al vuelo.




