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  • La Ramera » Gracias Paul. Creo que lo que más me molesta de todo es que da la sensación de que el Gobierno ha...
  • Paul » Me ha parecido muy interesante tu reflexión. Destacar lo negativo, como han hecho muchos partidos y...
  • Javier Madrazo Lavín » Confío en que esta operación policial incentive la reflexión abierta en ETA y sus...
  • mari pili » no lo pienses es verdad que se va la luz y es chinbo
  • maria cristina » mas chinvo es que se va la lus i por eso no puedoacer la tarea
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Uno de los grandes logros que se pueden atribuir a Karl Marx fue la difusión con éxito de las teorías que con más ahínco él defendía. Entre otras muchas, Marx sostenía que los antiguos estamentos en que se organizaba la sociedad habían dejado de existir (pueblo llano, clero, nobleza), pero que se había sustituido por otras igualmente desiguales (proletariado, burguesía, nobleza).

Con el advenimiento de los cambios económicos, políticos y sociales durante el siglo XIX, había surgido una nueva clase burguesa que era quien tenía acceso a los medios económicos necesarios para poseer los medios de producción. Esta posición de superioridad propiciaba el abuso de la burguesía sobre los trabajadores asalariados quienes se veían forzado a soportarlo dada la necesidad de lo medios económicos para mantener a la familia.

Es entonces, a las poca décadas de empezar a sufrir este abuso sin medida, cuando los primeros pensadores empiezan a agitar a las masas populares para que se den cuenta de la situación que viven: trabajando por un salario mínimo, en unas condiciones deplorables y sufriendo las miserias de una vida entregada a que su “dueño” continúe ganando beneficios a costa de pagar lo mínimo posible al trabajador.

Es en este momento de la historia cuando los trabajadores adquieren conciencia de clase: la mayoría entiende por fin que todos ellos pertenecen a una misma clase social, con idénticos intereses comunes, y que en su unidad reside su fuerza. Aparecen los primeros sindicatos y comienzas las primeras luchas. No tardan en darse las primeras huelgas, convertidas en auténticas revoluciones, que aterrorizan a una burguesía acostumbrada a abusar y explotar con total impunidad a unos trabajadores necesitados.

Entre el final del siglo XIX y la llegada del siglo XX se empiezan a conseguir los primeros derechos laborales. Las revoluciones de Chicago traerían un éxito sin precedentes: la jornada laboral de 8 horas, que venía a sustituir a las jornadas de sol a sol. A ésto le seguirían el establecimiento de un calendario anual, la negociación colectiva de los convenios laborales o los establecimientos de salarios mínimos. También el derecho legal a la huelga (¡!), la cobertura sanitaria o las vacaciones remuneradas.

Uno de los logros que se pueden achacar a las instituciones capitalistas es la atomización de la clase obrera. Los tiempos han cambiado, muchos de los trabajos que hoy se ejercen tienen poco o nada que ver con las rudimentarias fábricas de principios del siglo pasado, pero la situación es básicamente la misma. Sigue habiendo personas con acceso al capital para mantener su posición de dominación, y sigue habiendo trabajadores que cobran un salario mínimo por realizar el trabajo que permite a los primeros seguir poseyendo el capital.

Sin embargo la perspectiva a cambiado. El American Way of Life ha sido una estrategia estudiada, planificada y puesta en marcha con el fin de sustituir lo que durante siglos ha sido el caramelo del pueblo: la religión. La tierra prometida que hace que tengamos la sensación de tenemos mucho que perder. Han cambiado nuestros deseos; ya no queremos mejorar nuestras condiciones actuales, sino escapar de ellas. Ya no luchamos por cambiar las cosas, por mejorarlas, sino que luchamos egoístamente por subir escalafones con el fin de dejar atrás nuestra actual situación y que sea otro, el de detrás, el que arree.

Si llegamos a un puesto de trabajo con unas condiciones deplorables ya no luchamos por cambiar esas condiciones, sino que todos nuestros esfuerzos se dedican a salir de allí, dejando ese puesto de trabajo para las personas que no pueden permitirse el lujo de rechazarlo. Así, hemos convertidos miles de puestos de trabajo en Mc. Puestos de trabajo. Las clases más bajas seguirán copando los puestos que los que tenemos más posibilidades hemos dejado atrás.

Esta pérdida de conciencia empieza a dar las primeras muestras. Muchas personas, trabajadores, se han alegrado por el anuncio del recorte de los salarios de los funcionarios públicos. Incluso han aplaudido al Gobierno por hacerlo. Los trabajadores, ciegos de envidia por unas condiciones laborales superiores, se alegran de que les caigan los palos a los que consideran que se lo merecen, sin pararnos a pensar si quiera un segundo en que pertenecemos a la misma clase, tenemos los mismos intereses y deberíamos remar en la misma dirección.

La dirección en que nos dirigimos invita a pensar que durante las próximas décadas perderemos las conquistas que consiguieron con sangre y sudor nuestros padres y abuelos. Por ello es necesario volver a adquirir la conciencia de lo que somos: trabajadores. Sólo desde la perspectiva de unidad, solidaridad y lucha por nuestros intereses podemos cambiar el rumbo que, a golpe de crisis, nos están haciendo tomar.

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